jueves 15 de octubre de 2009

Pintura

En la sala de juntas de mi nuevo centro de trabajo (que tiene sala de juntas, lo que queda muy bien) hay un cuadro que me fascina. Es el dibujo coloreado del torso de un hombro que sujeta entre sus brazos un bebé. Cada vez que voy allí soy incapaz de leer la firma de ese cuadro por culpa de mi miopía. Mi mirada deficiente, en cambio, se queda pegada a esa imagen más allá de lo que se esté hablando en la reunión.
Es una paternidad, la primera que contemplo, una paternidad de momento anónima y desde luego única.